EL ADOLESCENTE EN LA POSMODERNIDAD
Características del adolescente de hoy


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Septiembre 2005 [1]

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Una tarea difícil: Entender a los adolescentes de hoy.

      Entender la posmodernidad cuando uno está inmerso en ella es tarea poco sencilla. Confieso que incluso hoy, cuando me propongo desarrollar este tema yo mismo sigo preguntándome qué es la posmodernidad. Puede uno definirla a la usanza de los manuales como «aquel movimiento cultural que surge a mediados del siglo XX como contrapartida de los ideales propios de la modernidad», aunque con esto cual apenas estaríamos introduciéndonos en el tema. La posmodernidad es mucho más que eso: abarca una multiplicidad de fenómenos de todo tipo (artísticos, económicos, políticos, sociales, filosóficos, étnicos, etc) y lo más importante, influye en nuestras vidas de múltiples maneras. Por eso, más que dar una definición, conviene enumerar algunos de los rasgos dominantes que la caracterizan, como ser la fugacidad, el culto al presente, la desorientación producto del escepticismo, el hedonismo, el individualismo, etc...

      Uno de los rasgos más salientes es, sin lugar a dudas, el de la fugacidad. Todo en la posmodernidad es rápido, todo es descartable, recargable, reciclable. Lo posmoderno está destinado a durar poco tiempo y a variar infinidad de veces. Esto, que viene de la mano con los enormes adelantos en el campo de las comunicaciones y de la producción de bienes y servicios, ejerce gran influencia sobre las personas y sus relaciones. Es que los tiempos y modos humanos no siempre son los de las máquinas.  Los adolescentes - y nosotros mismos - acostumbrados al ritmo de lo fugaz, tendemos a aplicar estos esquemas en campos en que no deberían tener cabida. Cierta vez, un alumno me confesó que se aburría en el Colegio y, más aún, se aburría en general con todos los aspectos de la vida que fueran «monótonos», rutinarios. En cambio, gozaba con lo desacostumbrado, lo cambiante, lo breve e intenso (¿no es este acaso el estilo televisivo o el de la web?). Hoy por hoy, es el movimiento y no la estabilidad lo que ejerce mayor atracción, es lo inusitado y no lo cotidiano lo que cautiva. El hombre posmoderno ha perdido así la capacidad de gozar de la rutina. Vive ansiando las vacaciones, vive soñando y anhelando una novedad que irrumpa en lo cotidiano. Es fácil, pues, imaginar las consecuencias de esta actitud en la vida del adolescente: sus relaciones interpersonales comienzan a hacerse endebles, su atención se vuelve fragmentaria y poco sostenida, la paciencia frente a las dificultades y carencias propias y de los demás empieza a perderse, su vida transcurre bajo la amenaza de la inconstancia y  la dispersión.

     En estrecha relación con la fugacidad y como consecuencia de ella, la posmodernidad rinde un culto devotísimo al presente. Este «presentismo» posmoderno tiene que ver con el deseo de disfrutar del momento actual, que se presenta bajo la amenaza de un cambio súbito. Cada uno de nosotros  tiene grabada en su mente la siguiente consigna: «si no aprovecho ahora, en poco tiempo habré perdido la oportunidad». ¡Qué difícil y a la vez qué necesario es, en este contexto, educar al adolescente para que logre armar y luchar por un proyecto sólido! Pues, todo proyecto supone siempre alguna renuncia al bien inmediato en función de un bien superior que se vislumbra en el largo plazo. En todo proyecto se precisa superar progresivamente ciertas adversidades, cumplir con ciertas pautas, a fin de alcanzar adecuadamente el bien prometido.

     Luego de estas breves reflexiones, cabe preguntarse qué responsabilidad nos cabe a los adultos en este contexto. En primer lugar, preguntarnos si no caemos muchas veces presa de este culto al presente y a la novedad. Si los chicos no nos ven disfrutar de lo cotidiano, jamás podremos pretender que en ellos no suceda otro tanto. En segundo lugar, presentar alternativas valiosas que suplan la avidez por el entretenimiento fugaz. En este sentido, la lectura, el deporte, el diálogo compartido, etc. son todos caminos que, por no gozar de la fugacidad y la intensidad de lo posmoderno, son verdaderamente intensos, llenan el alma y constituyen una personalidad sana. 

Por Mabeluchi - 14 de Septiembre, 2005, 19:31, Categoría: General
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